Un jardín muy especial
Paseando al amanecer por un jardín, vi que era un jardín muy especial, pues las flores hablaban unas con otras. Había mucho colorido alrededor, las flores eran silvestres y se mecían de un a otro según el viento soplara. En el centro del jardín había un rosal , todo lleno de rosas por despertar, había roas que ya estaban abiertas. De entre tantas rosas, miré una, era la Rosa más Hermosa que jamás había visto en mi vida, no podía apartar la mirada de Ella, era irresistible
¡Ésta, ésta es la Rosa que yo quiero! Su belleza no tiene igual, cómo me gustaría parecerme a Ella; qué tontería estoy diciendo, no he nacido rosa, no soy flor. Cada día, al amanecer, paseaba por ese jardín tan especial, para mirar a la Rosa de la cual estaba prendada. Solo podía mirar y contemplar su Belleza, era imposible llegar a tocarla, iba creciendo en mí el deseo de tenerla.
Hablaba cada día con Ella, ¡Cuán grande es tu Hermosura! le dije, sabes que te quiero, ya no puedo pasear por este jardín sin venir a contemplarte, a mirarte, a charlar contigo, aunque no te pueda escuchar y no alcance a tocarte, aunque nunca pueda parecerme a Ti, vendré. De pronto oí una voz que decía: "¿Te has mirado tú? ¿Quién está hablando?, dije. "Soy Yo, mírame y no apartes la mirada de Mi, ven a contemplarme cada día, no te desanimes, aunque creas que nunca podrás tocarme, Yo a ti si puedo y cada mañana, como el rocío, tu corazón voy a regar.
Comencé a llorar de alegría. ¡La Rosa, la Rosa que tanto quiero; estoy sintiendo su voz! Y el eco de su música como un susurro exhala: "Con mi Gracia riego tu corazón"
Manuela González Aguilera