Jesús salió al encuentro

 

                   Queridos amigos, os voy a contar cómo Jesús  salió al  encuentro sin  buscarlo.

                Un Día se acercó a mi y no le reconocí, que ignorante fui. Había ido siempre por la vida desapercibida, nunca nadie me había hablado de Dios, vivía en una rutina sin darme  cuenta: la casa, los hijos, el marido, los problemas cotidianos, la lucha de todos los día, pero yo no era feliz.

                Pasaban los años y no encontraba respuesta del porqué no era feliz, veía que mi vida iba pasando y que más vacía me sentía, la vida no tenía sentido, era como una planta que se marchitaba. ¡ Qué pena ! Cuántas cosa me perdía yo. Pero un buen día conocí a Manoli, y  comenzó hablarme de Jesús, de las maravillas que había hecho en ella, compartió conmigo sus experiencias, sin querer, me asusté, nunca nadie me había hablado así de Dios, salí corriendo.

                Comencé a huir de ella,  la veía  por la calle y  me escondía para que no me viera, aunque nos seguíamos viendo de vez en cuando. Poco a poco me hablaba  de Jesús y de  Dios Padre, al que no había que tenerle miedo, todo lo contrario sentirnos dichoso de poderlo conocer, y fui conociendo a Dios Padre, el Padre de Jesús, y Padre nuestro y a Jesús.

                Yo la veía a ella muy feliz  y entusiasmada, me preguntaba " Bueno si Dios ha hecho esto con ella porque no lo va hacer conmigo, yo quiero ser feliz también. Un día por su cumpleaños invitó a unas amigas y a mí a una cafetería, allí mismo sacó la Biblia, la abrió por el profeta Osea11, 1-5

                Me sorprendió, palidecí, en ese texto decía lo que en la vida estaba haciendo, estaba huyendo de Dios, porque Él se me había mostrado a través de esa persona, no le reconocí hasta que vi que eso estaba escrito para mi. Él me estaba hablando a través de ese texto y ahí si me di cuenta que era Él quien me llamaba.

                Lo que sentí en ese momento fue un flechazo, como dos enamorados cuando se conocen,  mi corazón era como el tic-tac de un reloj, desde entonces mi vida ha cambiado mucho, me aferré a Él con todas mis fuerzas. Comencé a caminar en la vida de fe, fui a la parroquia, a la Escuela de Teología, estoy en un grupo de oración y soy catequista de niños de  primera comunión, estoy madurando en la fe.

                Intenté mejorar cosas que no estaban bien en mi vida, aceptar las que no podía cambiar,  no todo es color de rosas, hay espinas, que con la ayuda de Él  se van resbalando. Descubrí que el vacío que había tenido toda mi vida, era porque no le había tenido a Él, es Único, no hay otro Amor como El.

Ana

 

Manuela  González Aguilera

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