Corazón gusano
Puede que Dios le haya dado alas a mi corazón desde su Amor. Es como una metamorfosis, es como si antes mi corazón fuera como un gusano de seda, que no sabía su finalidad. Sólo me arrastraba a ras de tierra, y creyendo que ésa era mi vida; seguía arrastrándome y llegó el día de la transformación.
Atrapada con los hilos de mi propia historia, me moría, luchaba y me resistía, hasta que ya sin fuerza, entregué mi vida a Dios; mientras, el gusano moría dentro de mí. La vida no me pertenecía, sólo a Dios. Permití, sin resistencia, mi "muerte"; "haz lo que quieras", le dije, "así no sirvo para nada"
El abandono en las manos del Creador, que fue envolviendo el corazón gusano en un manto de Amor y besos de Misericordia; fue la salvación. Don de antes estaba “muerta", empezó de nuevo la vida.
¡Sorpresa!, qué vestido tan bonito me has regalado, ¡si no soy gusano!¡Qué bonita soy! ; no lo sabía, si me has creado a tu imagen y semejanza, y Tú eres de una Hermosura sin fin. ¡Oh Señor!, ya sé quién soy y hacia donde tengo que caminar.
- "Hija espera; no tengas prisa, ése vestido te lo has de ganar".
- ¿Qué tengo que hacer?
- Tan sólo has de Amar, como yo, Tu Dios, te he Amado, te doy Libertad con mi Amor, Libérate para Amar.
Y el corazón gusano se convirtió en una linda mariposa, empezó a volar para cumplir la Misión: comunicar el Mensaje de Amor. Cada mañana esta mariposilla, la levanta el Creador, le va soplando su Aliento, guiándola hacía los campos de Dios, indicándole por donde tiene que ir.
Un buen día "le dijo": "Aquí quiero que me sirvas, aquí te quiero en este trocito de mi campo". La mariposa, al descubrir donde la enviaba, no salía de su asombro: Yo por aquí!, ¿Por este sitio? !Oh no!, soy la menos indicada, no sé nada de este terreno, no tengo experiencia.¿Cómo hacerlo?, está todo cercado; ¿Cómo voy a entrar ahí?.
Su Creador seguía llamándola cada día, "no temas, mira bien, hay una flor silvestre que es mía, me pertenece, he pagado un alto rescate por ella y la quiero. Ella aún no sabe quien es, está tan pequeñita y maltrecha, no crece, no la dejan crecer, se ahoga entre los cardos, se está marchitando su corta vida, se muere. Ve tú, mi querida mariposilla, háblale de Mí, dile cuanto la Amo, que la estoy esperando con los brazos abiertos; dile que se ponga en mis manos que Yo mismo la cuidaré.
Dale de beber mi querida mariposilla, dile que beba del manantial de agua Viva, que no pasará más sed". La mariposa, obedeciendo sin entender a su Creador, se acerca cada día a esta florcilla silvestre, la mima, le habla con cariño y le da a beber del agua de la Vida. Comunicándole el Mensaje de Amor Esperanza y Fe, a esta flor silvestre que eres tú mi querido Jesús Manuel.
¡Bendito sea Dios por este Amor inmenso, por su grandísima Misericordia!.
Por llevar Vida, donde sólo hay muerte. ¡Gloria a Dios!
Manuela González Aguilera