Apostolado de la carta

 

 

        Compartir experiencias solidarias con humildad  engrandece y enriquece el alma de todos. Voy a intentar narrar una historia real vivida desde la fe hace varios años, cuando estuve acompañando a jóvenes con problemas de drogadicción.

 

        Fui por primera vez al Colegio Tartesso, allí conocí a un Sacerdote, en la oración pidió por un joven que estaba en coma a causa de una sobredosis. Esta petición me llegó al alma, días después, al ver de nuevo al P. Alfonso le pregunté por dicho joven. Afortunadamente había salido del coma y  fue conducido de nuevo a la cárcel, donde tendría que cumplir tres años de condena.

 

        Este Capellán de Penitenciaría tuvo la idea genial de darme el nombre  y dirección del joven para que le  escribiera. Comenzó para mí toda una aventura desconocida,  el “Apostolado de la carta”, la experiencia que viví difícilmente puedo traspasarla al papel.

 

        La primera carta que le envié a este chico la recibió estando en el “tubo de castigo”, por haber tomado droga dentro de la cárcel. Para él fue una bocanada de aire fresco, que agradeció contestando con agradecimiento y caballerosidad.

 

        Desde el principio me presenté como soy, esposa y madre de tres preciosas hijas y catequista. Las cartas comenzaron a ir y venir hasta que en una de ellas pedía disculpas por burlarse de mí. 

 

        Había aceptado mis cartas porque no tenía otra cosa, casi todos le abandonaron y le hacía ilusión recibir correo, sin embargo algo inesperado y nuevo en su solitaria vida le atraía y no era la droga.

 

        Por entonces, una servidora, participaba en un grupo de adulto cuyo animador era un Hermano de la Salle. Este religioso estaba al corriente de la nueva amistad que había entrado en mi vida, sin proponerlo.

 

        Jesús, así se llama el protagonista de este relato, me decía en voz baja que se había “enganchao”, esta vez no a la droga si no a la vida, a través de las cartas que le escribía para él llena de esperanza y sabiduría. Este motivo hizo que comenzara a ser sincero conmigo y dejara de  burlarse de mis escritos entre sus “colegas”.

                                                                                             

        Le propusimos visitarle a la cárcel, algo que ni él mismo esperaba y recibió la idea con alegría. Desde dentro, el joven arregló los  pases y llegó el momento esperado. Estaba como un flan, iba a ver a alguien a quien escribía desde hacía  varios meses y  aún no conocía, y con el cual  compartía vida y esperanza a través de la escritura.

 

        Fue el día 25 de Octubre de 1998. Una visita a la cárcel, así lo escribiría después, para compartirlo en el grupo, lejos de imaginar que hoy lo compartiera con vosotros.

 

        Ven conmigo amigo lector, te invito hacer juntos esta sencilla visita a la cárcel:

 

        Hoy por vez primera voy a la cárcel a visitar a un amigo que no  conozco, su nombre es Jesús y es para mí muy importante. Rumbo a lo desconocido los píes me llevan y no puedo describir los sentimientos, me dejo llevar desde la fe en los brazos de Dios.

 

        Ya estoy en la cárcel, soy  como un “pato mareado” no sé por dónde tengo que ir. Gracias que me acompañan los Hermanos de la Salle.

 

        Los funcionarios nos preguntan una y otra vez lo mismo, las personas de alrededor se les ve nerviosas e impacientes...Nada me molesta, todo lo excuso, mis pensamientos están quietos, cada uno hace lo que tiene que hacer. Todo es ameno para mi, estoy contenta y soy muy feliz...todavía hay que esperar aún más para entrar y ver a nuestro amigo.

 

        Los religiosos y yo vamos a tomar algo de comer mientras esperamos.  Es la hora de entrar, qué nervios, estoy como un flan, no sé porqué será...más controles, por fin veo una pared con cristales, unos chicos tras ellos  y unas cabinas. ¿Dónde está nuestro amigo?

 

        No es agradable ver esto... ¡Allí están haciendo señas con las manos! ¡Ese ha de ser  Jesús! Me ha reconocido por unas fotos que le envié antes ¡Qué alegría, por fin le hemos conocido!

 

        Qué sorpresa se ha llevado este joven al comprobar que también él conocía  a este Hermano de la Salle, era el antiguo Visitador, se acordaba de él como cuando estaba en el Colegio.

 

        Nos hemos presentado y hemos cambiado impresiones, veo en la cara de este chico surcos de sufrimientos, tiene buen parecido es muy amable y educado. Los tres estamos contentos y felices, qué suerte hemos tenido de habernos conocido.

 

        Hablamos todo el tiempo por turnos ¡Dios! Qué día más hermoso, jamás lo olvidaré, que derroche de buena voluntad, alegría y solidaridad.

 

        De  nuevo en casa; pasados varios días recibo carta de Jesús, no teníamos idea del bien que hizo esta visita al joven. Se estrecharon lazos de amistad y pequeños compromisos por parte de

Jesús.

 

        Desde dentro de la cárcel comenzó a trabajar en talleres,

participaba en grupo guiado por una psicóloga y ayudaba al que podía.

 

        Un  día asistí a un curso  sobre drogas, nos dividimos en pequeños grupos y cada uno de ellos intercambiaba experiencias. Comenté lo que vivía desde el Apostolado de la Carta. Una señorita muy guapa, dijo tu eres la persona que está escribiendo a Jesús, no sabes cuánto te quiere y respeta, está en mi grupo y progresa mucho, soy su psicóloga. Vaya casualidad amigos, comentamos las dos.

 

        Este chico se dejaba ayudar, había tocado fondo y estaba dispuesto a cambiar. Llegó la primera Navidad que pasaba en la cárcel, podía haber sido la peor de su existencia, sin embargo algo muy especial iba a pasar en la vida de este joven. Podemos llamarle como un despertar espiritual a la  Vida, en mayúsculas.

 

        Escribió una carta de felicitación navideña al Hermano de la Salle dirigida a todos, mientras leía, palidecí. Esa misma tarde le había enviado una felicitación, a medida que escuchaba, más me sorprendía, pareciese como si verificara sus vivencias, sin tener conocimientos de ellas.

 

Felicitación navideña

 

                ¡Queridos hermanos de " La Salle"!

        La mayoría no me conocéis, sólo de oídas. Soy Jesús Manuel; un amigo. Se aproxima la Navidad, no sé lo que significará para vosotros, pero estas fechas para mí van a ser un poco especial. Primero por el lugar donde me encuentro y segundo porque éstas no estarán mis padres ni mis hermanos conmigo.

        No quiero transmitiros un sentimiento de lástima o tristeza, sino todo lo contrario, quiero transmitiros un sentimiento de alegría, fe y esperanza.

        Ha nacido el Niño Jesús; ha nacido dentro de mí y sentiros felices al igual que yo me siento. Él me ha preparado el sitio para volver a nacer y aunque no lo creáis ha elegido el sitio mas indicado. Aquí ha nacido en mi corazón, es como una Luz en el firmamento a la que deseo seguir y me doblego ante su fuerza. Es algo maravilloso que no puedo explicar con palabras. Hoy me ha elegido a mí y me siento necesitado de transmitíroslo.

        Aún estando aquí, me siento libre y me ha soplado al oído el Espíritu del Amor del Señor; no sé cuanto durará, pero rezaré para que no acabe nunca. Solo quiero que estas navidades seáis buenos unos con otros y cada uno mejore consigo mismo; os deseo lo mejor de la vida y a  todos con cariño ¡Feliz Navidad!  

Jesús Manuel

         Esta  carta que sigue es aquella que le había enviado a Jesús esa misma tarde antes de la reunión, cuando aún no sabía nada de su felicitación.

Felicitación navideña

        Este  año  es de nuevo Navidad para mí, hoy es Navidad en mi corazón. Como María…sin entender, me he dejado conducir por el Espíritu de Amor del Señor. Ha obrado maravillas...espiritualmente he gestado por la fe un hijo de Dios en el Hijo Amado.

        Curiosamente, por la fe ha nacido, como Jesús, en las afueras de la ciudad, en lo marginado y excluido, en el silencio en la soledad y el olvido. Solo Dios sabe, y aquellos a quienes Él ha querido revelar. El ha elegido el sitio, entre los pobres más pobres, una Luz ha amanecido, para iluminar a los que viven en sombras de muerte.

        Dios bendiga y colme de bienes a este nuevo hijo, que por la fe, a una nueva vida, en la vida de Dios este año por Navidad nos ha nacido. Escrito, especialmente pensando en ti, Jesús Manuel, feliz Navidad, tú eres Navidad en mi corazón, este año, eres un regalo de Dios para muchos y también para mí.

        Nuestro amigo Jesús cada vez más fortalecido y decidido, había  cogido las riendas de su vida, por primera vez en mucho tiempo tuvo fuerza y valor para decir NO a la droga.

        En una de las cartas Jesús explicaba al detalle el día, hora y lugar dónde se celebraría el juicio que tenía pendiente. Pedía que fuese a darle apoyo moral. Le comenté a mi amiga del alma la petición del chico y decidimos ir las dos. Llegado el momento nos dirigimos a la Antigua Cárcel Vieja, hoy convertida en juzgados, allí veríamos a Jesús. Preguntamos en información por donde entraban estos jóvenes y nos dijeron que los presos eran conducidos del furgón a los calabozos.

 

        Sin más, incautas pero felices bajamos las escaleras que conducen a dicho lugar. Estaba semi-oscuro y se percibía humedad, de pronto un guardia exasperado en voz alta nos llamó la atención por nuestro atrevimiento. Subimos las escaleras corriendo y riéndonos de nuestros fallos.

 

        Subimos a la primera planta y nos quedamos en el corredor por el cual tenía que venir nuestro amigo. De pronto le dije a mi amiga Toñi, ahí viene Jesús, ese es; viene escoltado por dos guardias civiles y esposado. Desde lejos vimos como algo le decía a la escolta, pidió permiso para saludarnos, al pasar por nuestro lado se pararon  y nos dio  dos besos con mucha ilusión.

 

        Se pararon en la estancia  correspondiente, mi amiga y yo nos miramos y comenzamos andar hacía ellos discretamente, nos presentamos a los guardias y curiosamente eran antiguos alumnos de la Salle, comentamos la labor que hacíamos y nos permitieron estar con ellos. Se respiraba un ambiente bueno, lleno de alegría a pesar de las circunstancias.

        Este apoyo significó mucho para Jesús, pocos días después recibí una carta de agradecimiento por el cariño y simpatía de aquel día, por el apoyo recibido. Le  contesté entre otras letras, con este bello poema dedicado especialmente para él, se titula:

 “Prisionero de Amor”

Deja tu corazón libre,
Que no te aten las cosas,
Ni el dinero, ni la droga, ni el alcohol.

No te aten unas cartas,
Ni unas palabras de Amor,
Átate tan solo a Cristo,
Que por ti, su Vida dio.

Átate a su Palabra,
Átate a su Corazón,
Átate de tal manera,
A su Vida y su Amor.

Que por mucho "Oro",
Que la vida te ofreciera,
Sólo buscaras su Amor.

Él es tu Luz y Fuerza,
Él es tu salvación,
Con Él podrás decir,
¡Basta, drogas NO!

Cautivado y en prisión,
Átate tan sólo a Cristo,
Tu Libertador.

Tú que anhelas Libertad,
Hazte amigo prisionero,
¡Tan sólo prisionero de su Amor!

Escribí  muchas cartas durante su estancia en la cárcel y compartí con él muchos momentos y experiencias del corazón como esta:

Corazón gusano

 

        Puede que Dios le haya dado alas a mi corazón desde su Amor. Es como una metamorfosis, es como si antes mi corazón fuera como un gusano de seda, que no sabía su finalidad. Sólo me arrastraba a ras de tierra, y creyendo que ésa era mi vida; seguía arrastrándome y llegó el día de la transformación.

 

        Atrapada con los hilos de mi propia historia, me moría, luchaba y me resistía, hasta que ya sin fuerza, entregué mi vida a Dios; mientras, el gusano moría dentro de mí. La vida no me pertenecía, sólo a Dios. Permití, sin resistencia, mi "muerte"; "haz lo que quieras", le dije, "así no sirvo para nada".

 

        El abandono en las manos del Creador, que fue envolviendo el corazón gusano en un manto de Amor y besos de Misericordia; fue la salvación. Don de antes estaba “muerta", empezó de nuevo la vida.

 

        - ¡Sorpresa!, qué vestido tan bonito me has regalado, ¡si no soy gusano! ¡Qué bonita soy! ; no lo sabía, si me has creado a tu imagen y semejanza, y Tú eres de una Hermosura sin fin. ¡Oh Señor!, ya sé quién soy y hacia donde tengo que caminar.

 

        - "Hija espera; no tengas prisa, ése vestido te lo has de ganar".

        - ¿Qué tengo que hacer?

        - Tan sólo has de Amar, como yo, Tu Dios, te he Amado, te doy libertad con mi Amor, libérate para Amar.

 

        Y el corazón gusano se convirtió en una linda mariposa, empezó a volar para cumplir la Misión: comunicar el Mensaje de Amor. Cada mañana esta mariposilla, la levanta el Creador, le va soplando su Aliento, guiándola hacía los campos de Dios, indicándole por donde tiene que ir.

 

        Un buen día "le dijo": "Aquí quiero que me sirvas, aquí te quiero en este trocito de mi campo". La mariposa, al descubrir donde la enviaba, no salía de su asombro: ¡Yo por aquí!, ¿Por este sitio?  ¡Oh no!, soy la menos indicada, no sé nada de este terreno, no tengo experiencia ¿Cómo hacerlo?, está todo cercado; ¿Cómo voy a entrar ahí?

 

        Su Creador seguía llamándola cada día, "no temas, mira bien, hay una flor silvestre que es mía, me pertenece, he pagado un alto rescate por ella y la quiero. Ella aún no sabe quien es, está tan pequeñita y maltrecha, no crece, no la dejan crecer, se ahoga entre los cardos, se está marchitando su corta vida, se muere.

 

        Ve tú, mi querida mariposilla, háblale de Mí, dile cuanto la Amo, que la estoy esperando con los brazos abiertos; dile que se ponga en mis manos que Yo mismo la cuidaré.

  

        Dale de beber mi querida mariposilla, dile que beba del manantial de agua Viva, que no pasará más sed". La mariposa, obedeciendo sin entender a su Creador, se acerca cada día a esta florcilla silvestre, la mima, le habla con cariño y le da a beber del agua de la Vida. Comunicándole el Mensaje de Amor Esperanza y Fe, a esta flor silvestre que eres tú mi querido Jesús Manuel.

 

        ¡Bendito sea Dios por este Amor inmenso, por su grandísima Misericordia! Por llevar Vida, donde sólo hay muerte. ¡Gloria a Dios!

        A Jesús también le gustaba escribir tanto como a mí,  aún guardo algunas de sus cartas, escritos como este lleno de agradecimiento por su parte.

Carta desde la cárcel

 

        Te doy gracias amiga por ser como eres, por llegar a mi humilde y discretamente para ofrecerme tu amistad. Para ello es digno de mencionar que me subiste a tu nivel, a la vez que bajaste tu al mío, me diste un trato familiar cuando más abandonado estaba.

       

        Permaneciste misteriosamente como una amiga siempre presente. Nuestra amistad va siendo cada vez más perfecta, sin prisas pero sin pausas. Te asocio a mis sufrimientos y alegrías, comparto contigo mis esperanzas, mis proyectos y mi vida, de verdad Manoli, en estos momentos no sé si te estoy hablando a ti o a Dios, creo que a los dos.

 

        A tan grandiosa amistad que tenemos los tres, tú, Dios y yo tengo que responder como espero y merecéis. Siempre seremos amigos. De todos estos muros, la soledad es la más alta muralla que me cierra todos los horizontes. Antes levantaba los ojos y no veía nada, todos se fueron, incluso mis hermanos. Pero las cosas cambiaron  y en mi corazón humano todo vuelve a su rumbo.

 

        Mis hermanos van volviendo poco a poco, levanto los ojos y veo las estrellas, la alegría inunda mi alma y me siento feliz. Es algo maravilloso y muy difícil de explicaros, pero sé que me entenderéis tú y El. Cuando todo era oscuro y problemático aparecisteis en mi vida, como, si mil rayos se dispararan en todas direcciones y caminos a seguir.

 

        Cuando todo estaba desmoronado me diste apoyo humano y proyectos terrestres, a pesar que el pasado y el fracaso están ahí, desolador y cruel frustrando toda esperanza. Pero que todos sepan que habéis conseguido que me sienta fuerte, mi mayor fracaso la droga, ha sido vencido con el mejor y mayor triunfo el Amor.

 

        El mundo  está llamándome y no pienso frenar para conseguir lo más bueno y bonito de la vida. ¡Gracias a los tres!, a ti a Él y a mi.

Llegasteis a mi en primavera, con el aroma, fragancia  y nacer de las flores, no tengo palabras de agradecimiento por la dulzura y ternura con que me habéis tratado. Solo espero algún día poder devolver tanto bien como habéis hecho en mi y llevarme al país de la Vida. ¡Gracias! 

 

Jesús Manuel

                                                                  

        Nos hicimos buenos amigos, una afecto desinteresado, sin trueques,  profundo y siempre vigilante, una amistad atípica entre un preso desconocido y una señora felizmente casada,  éramos amigos en el viento, así nació también éste bello poema con ese mismo nombre:

Amigos en el viento

Amiga de papel y lápiz,
Amiga en el viento,
Amiga a cielo descubierto,
Tan sólo eso soy y nada.

Una amiga que no pide,
Una amiga, que da lo que tiene,

Fe, esperanza y caridad.


Como un río desemboca al mar,
Lo dulce y lo salado se han unido,
Así el corazón en el papel,
Se ha fundido.

Sonrisas, vida, dolor,
Amor de Dios,
Calor, apoyo humano.

Entre poemas y oración,
Poco a poco,
En el silencio y el olvido,
Desaparece el corazón.

Solo papel soy... solo papel,
En un humilde papel soy yo,
En este mundo tan difícil,
De ser uno mismo.

Soy feliz escribiendo,
Solo en un papel,
Amigos en el viento.

        Un buen día me llamó la psicóloga para tomar café,  me llevé una gran sorpresa, ella estaba sentada en la cafetería con Jesús, había cumplido la condena. Aún guardo el calor de ese abrazo de hermanos. La cara del joven estaba llena de alegría y agradecimiento, sus ojos brillaban como los de un enamorado.

 

        Hicimos un breve recorrido de nuestra particular  amistad, el esfuerzo suyo de superación, la alegría de su libertad física y lo aprendido en la cárcel, suficiente como para no querer regresar jamás.

 

        Rehizo su vida con su pareja, tienen un hijo precioso, le han puesto de nombre Jesús y tuve el placer de ser invitada al bautizo. Cada uno vivimos nuestras vidas, aunque no hemos perdido el contacto, guardamos en nuestros corazones el regalo de una amistad sin intereses.

 

         Él está trabajando actualmente y está reinsertado en la sociedad. Gracias a su esfuerzo, a un equipo de personas que trabajaron desde dentro y fuera de la cárcel y el humilde apoyo de unas cartas llenas de cariño gratuito, Jesús es hoy un hombre libre,  que tuvo el coraje de decir NO a la droga.

 

 

 Manuela González Aguilera 

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