La llave
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Para mí fue un sueño, ¡bendito sueño!, me trasportó al Libro de los libros con la llave para entrar en Él. Voy recorriendo personajes como yo misma. Soy la pasión, la cruz, el nacimiento nuevo, la samaritana, la Magdalena, ¡bendito sueño!, como ella estuve llorando a tus píes, el perfume natural de unas lágrimas que solo Tú consolaste, me abandoné a Ti, Jesús.
Te di cuanto tenía, como la viuda pobre, y sentí vergüenza al ver la pequeñez de mi ofrenda. Me perdonaste, Señor, me perdonaste, porque tu Amor por mi me transformó y me acogiste como a Magdalena, como tu amiga, de entre tus amigos soy especial para Ti. Quieres llevarme contigo siempre, nuestra relación personal empezó desde que acogiste a Magdalena , me acogiste a mí.
Gracias, Señor Jesús, gracias por tu Hermosura sin fin, por tu Amor incomparable. Sigo con la llave para quien la quiera, también se las das. Porque Tú Señor Jesús, eres generoso con todos y nos Amas a cada uno en especial. Ésa es la llave, tu Amor, y la clave, reconocerse a sí mismo: soy un pecador.
Empezarás a nadar como pez en el agua, hay que nadar a fondo, sin cansarse, con fe; cuando te desanimes y creas que no vas a llegar, acuérdate del Amor, lo conseguirás, conseguirás llegar al centro, y te reconocerás: Soy el discípulo Amado de Jesús. Es maravilloso sentirse Amado, solo hay que dejarse llevar; Jesús mismo, tu fe en Él, su Amor te guiara por donde tú sola serías incapaz.
En vez de ir sola, le he dado a Jesús todo, juntos de la mano estamos recorriendo en la vida misma nuestra propia Biblia, así es más fácil a la misma Biblia llegar. Yo no voy de rositas ¡eh!, contigo no puedo, tengo que reconocer, aunque sienta vergüenza, que he sido y soy a veces Pilatos; cuántas veces me lavo las manos y te entrego a tu propia suerte. Perdóname Jesús. Te doy gracias por hacer en mi conciencia también este retrato.
Sin yo saber me guiaste hacia Lázaro ¡Bendito Lázaro, Señor! Me enseñaste como soy y lo que soy: mendigo de tu Amor, fue la puerta de entrada hacia el Reino de tus preferidos, los "pobres de Dios"; me has dado más de lo que hubiera podido imaginar, no tengo palabras de agradecimiento para Ti.
Es curioso como este año, por primera vez, he sido como los Magos. Me has puesto en camino para adorar al Niño que nace. Has hecho sentirme María, pura, estaba por dentro sin saber, no se puede razonar. Abierta a Ti, a tu Amor, para que pudieras modelar el corazón, sin la razón del hombre sabio. Porque de lo que no se sabe, no se puede razonar.
Me has llevado a la catequesis, alas Escrituras, a la oración personal contigo, a Tu casa. Tu haces que vea las miserias que tengo, y no son pocas, la verdad, que después de mi cobardía, tu confianza me está animando. Tu exiges una total entrega que debe ser descubierta a solas contigo. Como el hijo que vuelve a casa, Tú ya no quieres escuchar nada ni hacer juicios, solo das Amor sin medida. No tengo palabras para darte las gracias.
Manuela González Aguilera