La imagen de Dios
¿Has tenido la misma imagen de Dios en tu vida ?
No, Señor , la imagen que he tenido de Ti ha ido cambiando con el transcurso de los años. De pequeña me enseñaron que tenía un Padre en el cielo y que había creado la Tierra y el Universo entero y todas las cosas.
Decían que Tú lo veías todo y para entenderlo mejor, pintábamos en el cuaderno o en la pizarra un triángulo con un "ojo" grande, del cual Señor tenía miedo, pues donde quiera que iba me vigilaba.
También este Padre Dios daba premios a los buenos y castigos a los malos; como comprenderás yo no quería ser mala, temía que me castigaras. El Padre Dios, exigía el cumplimento de la misa y fiestas de guardar; era pecado grave faltar a misa.
En la adolescencia me alejé de éste Padre Dios, que me vigilaba, me castigaba cuando hacía algún mal, era un aguafiestas, no me dejaba hacer lo que yo quería, y me alejé de Ti sin conocerte Señor Dios mío.
Qué mal me enseñaron, y qué pocas ganas o ninguna de saber de Ti, aunque " fiel "a la religión, seguía creyendo en ése Padre Dios que además tenía que estar muy lejos y que después de la muerte me encontraría con Él en un juicio.
¡Cuán equivocada estaba, Señor! Gracias que Tú, en tu grandísima Misericordia te has querido revelar a esta pobre infeliz tan ignorante de Ti, a través de tu Hijo Jesús, Señor nuestro.
Fueron pasando los años y volví a acercarme a Ti a través de un grupo cristiano, pero te confieso Señor que por mucho tiempo no me enteraba de nada: celebraciones, ritos, misas, todo era exterior y vacío.
Llegó el fracaso, el sinsentido, la soledad, el vacío, el desierto más importante de mi vida, donde solo me quería morir; y en ese estado, Tú, Señor, saliste al paso, al encuentro de un alma que nada tenía, era la misma nada. Hablaste al corazón, me sedujiste Señor y me dejé seducir, me diste a conocer cuán grande es tu Amor por mi.
¿Si te conocieran Señor? Nadie se alejaría de Ti; Tú no me condenaste, pues así en la esclavitud del pecado, del mundo y de mi misma, tal como estaba, me abrazó tu Divina Misericordia. Tú no condenas, solo Amas dulcemente.

Manuela González Aguilera
