Carta a Dios

 

 

 

                 Hoy desde la fe, has llamado a la puerta, despertando la conciencia, después de un letargo que ha durado casi cuarenta años, hasta el día que recibí un duro golpe.

 

                 Tengo que agradecerte que cayera hasta romperme, desde entonces me has puesto en el Camino de la Vida, desde Ti, que eres Verdad, estoy conociendo la superficialidad y la mentira de la mía.

 

                 Con tu ayuda y mi esfuerzo estoy aprendiendo más que en toda mi vida pasada. ¡Cuánto tengo que aprender! Ayúdame a ser responsable de mis actos, no permitas que dé las riendas de mi vida a nadie. Enséñame a vivir responsablemente, consecuentemente.

 

             ¿En realidad merezco lo que tengo, lo que gasto...? Todo me ha sido dado... ¿Qué voy hacer a estas alturas de mi vida? ¿Qué voy a estudiar?  ¿Solo he nacido para ser madre y esposa? Gran misión y nada fácil, aunque me gustaría servir para algo más, quiero ser útil, acto para el servicio.

 

             Qué difícil para mí ser yo misma, cuántos miedos, inseguridades, desconfianzas hay en mí. Qué cobarde soy, pienso de una forma, hablo de otra y actúo de diferente manera, qué incoherencia de vida.

 

             Me he dejado arrastrar por la vida como si un “cuerpo muerto” fuera, a merced de las olas. Desde que nací, otros se han encargado de alimentarme y se responsabilizaron de mí. Hoy al medio día de la vida me pregunto ¿Qué he hecho yo?

 

             He seguido el patrón que trazaron mis mayores, la sociedad por la que me he movido, la cultura recibida. Me educaron para ser lo que soy, esa fue la meta que pusieron ante mí.  Jamás he sido consciente de ser un ser inacabado. Me conformé y me instalé en la ignorancia y la comodidad. Gracias que te he conocido y me estás dando Luz para ver lo que soy y lo que aún puedo llegar a ser.

 

Manuela González Aguilera

Volver a la página

principal