Carta desde la cárcel
…te doy las gracias Manoli, por ser como eres, por llegar a mi humilde y discretamente para ofrecerme tu amistad. Para ello es digno de mencionar que me subiste a tu nivel, a la vez que bajaste tu al mío, me diste un trato familiar cuando más abandonado estaba, Permaneciste misteriosamente como una amiga siempre presente.
Nuestra amistad va siendo cada vez más perfecta, sin prisas pero sin pausas: te asocio a mis sufrimientos y alegrías, comparto contigo mis esperanzas, mis proyectos y mi vida, de verdad Manoli te digo en estos momentos no sé si te estoy hablando a ti o a Dios, creo que a los dos.
A tan grandiosa amistad que tenemos los tres, tú, Dios y yo tengo que responder como espero y merecéis. Siempre seremos amigos. De todos estos muros, la soledad es la más alta muralla que me cierra todos los horizontes. Antes levantaba los ojos y no veía nada, todos se fueron, incluso mis hermanos.
Pero las cosas cambiaron y en mi corazón humano todo vuelve a su rumbo: mis hermanos van volviendo poco a poco, levanto los ojos y veo las estrellas, la alegría inunda mi alma y me siento feliz, es algo maravilloso y muy difícil de explicaros, pero sé que me entenderéis tú y El.
Cuando todo era oscuro y problemático aparecisteis en mi vida como si mil rayos se dispararan en todas direcciones y caminos a seguir. Cuando todo estaba desmoronado me diste apoyo humano y proyectos terrestres, a pesar que el pasado y el fracaso están ahí, desolador y cruel frustrando toda esperanza.
Pero que todos sepan que habéis conseguido que me sienta fuerte, mi mayor fracaso la droga, ha sido vencido con el mejor y mayor triunfo el Amor.
El mundo está llamándome y no pienso frenar para conseguir lo más bueno y bonito de la vida. ¡Gracias a los tres!, a ti a Él y a mi.
Llegasteis a mi en primavera, con el aroma, fragancia y nacer de las flores, no tengo palabras de agradecimiento por la dulzura y ternura con que me habéis tratado, solo espero algún día poder devolver tanto bien como habéis hecho en mi y llevarme al país de la Vida. ¡Gracias!
Jesús Manuel.
Manuela González Aguilera